Revelaciones

Cuando dejo de empujar.
Cuando dejo de insistir.
Cuando dejo de controlar.

Cuando desenfoco.
Cuando (me) suelto.
Cuando me rindo al fluir y dejo que la Vida… se revele.

Eeeegunon mundo!!

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Lo que se revela (cuando no estoy mirando)

Diciembre siempre llega con su liturgia: cerrar, balancear, ordenar, planificar.
Y yo… este año no sé si he elegido algo distinto. Me estoy disponiendo de otra manera.

Ha sido un año de hacer, planificar, idear, crear, abrir, programar, sostener, impulsar, resistir… Un año lleno de ritmo, movimiento y… propósito. De estar al frente, al mando, al lado, al servicio. Un año muy potente… y a veces excesivo.

Y ahora, más que elegir, es mi cuerpo, mi alma, mi atención profunda quienes me están pidiendo otra cosa.

Una especie de permiso.
Una tregua suave.
Un “afloja, que hay algo dentro que está pidiendo voz.””.

Y me ha llevado a mirar en otras direcciones, otros puntos, otros ejes…. Desenfocar para volver a enfocar. Soltar el punto fijo para darle espacio a la improvisación, a lo no previsto, a lo que se despliega cuando dejo de intentar controlarlo todo.

No es un “no quiero mirar”. Es una  pausa intencionada (en medio de un momento de mucho trabajo en el que parar se antoja a ratos difícil), respira y  suelta.

Suelta el ritmo, suelta la exigencia, suelta la necesidad de ir un paso por delante de la vida. Porque cuando aflojo, la Vida, con su ironía fina,  me recuerda (¡siempre!) que también tiene sus propios planes para mí.

Y justo ahí, en esos huecos donde no estoy vigilando nada, empiezan a revelarse “cosas.” Pequeñas. Sutiles. Importantes.

Se me han revelado silencios internos que nombran sin palabras lo que aún no sé  decir. Silencios que lejos de  tapar: me muestran.

Se me han revelado conversaciones que no venían de donde yo esperaba. Personas que aparecieron “fuera de guion”, con gestos y frases que me movieron de sitio sin pedir permiso.

Se me han revelado intuiciones que son viejas sabias amigas, tercas… que llevan tiempo llamándome y yo, ocupada en sobrevivir al calendario, no terminaba de escuchar.

Y se me ha revelado, otra vez, que cuando dejo espacio, la Vida se ordena sola. Que cuando bajo la guardia, aparecen pistas finísimas que saben más que yo. Que cuando no fuerzo, algo se mueve.

Así que este año, más que cerrar el año, evaluarlo, analizarlo, observarlo… estoy dejando que se revele lo que ya está intentando asomarse.

A veces, la Vida se explica mejor cuando la dejo respirar.

Cuando no busco una respuesta inmediata.

Cuando no exijo respuestas.

Cuando, de alguna manera, me rindo… a la fuerza de la corriente que me empuja a veces de frente.

Porque, al final, de eso va este tiempo: de dejar que la Vida hable.
De permitir que lo esencial se abra paso cuando por fin soltamos la urgencia,

De escuchar lo que se revela en los márgenes y no en los grandes titulares.

Y si  tú también quieres abrirte a esas pequeñas grandes revelaciones,  en mi newsletter te comparto un ejercicio sencillo / una pequeña infografía para ayudarte a descubrir  tus propios brotes, hallazgos y destellos  que emergen de este año. Para que puedas honrar lo que se ha mostrado… incluso cuando no estabas mirando.

Feliz cierre de año. Que venga… revelador.


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