Del “no me da la vida” a la Vida que me doy

Llevo un tiempo algo cansada, «no me da la Vida«.

No sé si tiene que ver con la intervención que me hicieron. O con el momento vital y hormonal que estoy transitando. O con la primavera. O con una mezcla de todo.

La cuestión es que mi cuerpo, a ratos, no acompaña el caudal de posibilidades que a mí me gusta activar y poner en juego.

Vivir con manos abiertas a pleno corazón.

Y he conectado con ese sentimiento que aunque me cueste aceptarlo sí aparece de vez en cuando: “No me da la Vida.”

Pero en estas últimas semanas se me ha movido algo. O mejor dicho, “he movido algo”.

«No me da la vida»

Porque no es lo mismo sentir que «no me da la vida» que hacerme consciente de la Vida que me voy a mi.

La primera coloca el foco fuera. La vida como algo que aprieta, exige, no alcanza. Y a veces es verdad. Hay momentos, contextos, responsabilidades y ritmos que nos piden más de lo que podemos sostener.

Pero la segunda frase abre otra puerta. Me invita a mirarme dentro de mi propio sistema. Desde la responsabilidad y el cuidado conmigo misma. Y escuchar(me). Porque mi cuerpo avisa antes que mi agenda. Antes que mi cabeza. Antes que mis decisiones.

Pero si estoy acostumbrada a funcionar, a sostener, a responder en modo «puedo con todo» o «piloto automático»… puedo dejar de escucharlo.

Puedo convertir sus señales en ruido de fondo. Y entonces sigo, «tiro»… Pero ya no desde mí.

Por eso  hoy os comparto este pequeño sistema que  a mi me ayuda y activo para darme buena y bonita Vida. Que es lo que me merezco.

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Con la Escucha Interna

Todo empieza justo por ahí, con la Escucha Interna. No cuando ya no puedo más (o también). Sino antes.

Afinar la percepción. Registrar lo que no encaja del todo. Si esa escucha se afina, aparece algo muy concreto: El cuerpo deja de ser solo el lugar donde pasa el cansancio y se convierte en criterio  y palanca de acción.

Empiezo a distinguir qué me pasa. Qué tipo de cansancio es. Dónde está. Qué lleva tiempo diciendo.

Pero notar y entender no siempre es suficiente.  Y aquí viene un punto clave. La Legitimación Interna.

Dar por válido lo que estoy  sintiendo. No minimizarlo. Ni explicarlo rápido para seguir igual (yo tiendo mucho a eso del ”pero bien y p´alante)

Es poder decirme: esto importa. Porque cuando legitimo, puedo ajustar. Y ese ajuste no va de hacer menos. Va de revisar desde dónde doy, cuánto doy y a costa de qué.

Aquí cambia algo estructural. Empiezo a regular el Equilibrio entre dar, darme, pedir y recibir.

Para poder hacerlo, necesito traducir lo que me pasa. Poner palabras. Primero hacia dentro. Y cuando hace falta, hacia fuera.

Y ahí aparece la Conversación Consciente. No hablar con cualquiera. No abrir todo en cualquier lugar.Saber con quién sí. Y qué sí (y qué no).Desde ahí, las decisiones cambian.No son grandes.Son microdecisiones de cada día.

Parar antes.
Decir que no.
Mover algo en la agenda.
LLamar al médico. Hacerte esos análisis que siempre pospones.
Hacer esa llamada.
Pedir ayuda.
Escuchar(te) eso que realmente necesitas.

Y aquí viene una capa que lo sostiene todo: La Integración sin “perfección” ni desde añadir otro check-list la autoexigencia. Porque si convierto el cuidado en otra obligación o tarea a hacer, vuelvo exactamente al mismo lugar del que estoy intentando salir.

Y cuando lo veo todo en conjunto, no veo una lista. Veo un sistema.

Un sistema que se activa cuando dejo de ignorarme.
Un sistema que me permite seguir sosteniendo lo que importa,
pero de una manera que también me sostenga a mí.

Pasar del “no me da la vida” a preguntarme con honestidad:

¿Qué Vida me estoy dando?

Ese es el punto de giro. Esa es la palanca de cambio.

En la newsletter de este mes he bajado todo esto a un ejercicio muy concreto para que puedas verlo en ti, sin teoría.

Y además, he dibujado la infografía completa con este sistema para que puedas trabajarlo de forma visual.

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