Cada dibumensaje se convierte en página cuando cobra sentido en ti
Acabo de volver de Uruguay, de La Barra, de Punta del Este, de unos días profundamente habitados por la amistad, por conversaciones que se alargan sin mirar el reloj, con José Luis y con Fer, con Charo y con Begoña… y con el corazón también por ese encuentro tan bonito con otras gentes de Uruguay, cercanas, abiertas, amables, de esas que te hacen sentir en casa sin haber estado nunca antes. Días de miradas compartidas, de palabras que abrigan y de ese calor que solo nace cuando lo humano se encuentra de verdad.
He estado presentando Habitar la Vida y Dibuja tu Estrategia® y, en ese encuentro con las personas, en lo que se genera cuando nos paramos a compartir desde ahí, se me ha colocado algo que llevaba tiempo rondando.
Los libros son lo que son. Y se ha dicho mucho, y muy bonito, sobre ellos. Los libros están ahí, con sus páginas, sus portadas, su olor, su peso en las manos. Tienen algo casi ritual: abrirlos, subrayarlos, volver a ellos. Y eso no es menor. Eso importa. Mucho.
Pero hay algo más.

Un libro no termina donde se escribe, empieza donde alguien lo lee.
Y ahí es donde todo cambia.
Porque cada persona entra a un libro desde su momento, desde lo que está viviendo, desde lo que necesita. Y en ese cruce, ese mismo libro se transforma. Se recrea. Ya no es solo lo que alguien escribió, es lo que pasa cuando eso se encuentra contigo.
No hay dos lecturas iguales porque no hay dos vidas iguales desde las que leer.
Y entonces el libro deja de ser un objeto.
Y se convierte en experiencia.
Quien escribe ofrece una mirada; quien lee la convierte en experiencia.
Y ahí es donde, de repente, todo esto me conecta de lleno con Muxote.
Porque si lo pienso bien, llevo años escribiendo un libro.
Solo que no tiene tapas.
Cada uno de mis dibumensajes diarios es una página que no se guarda, sino que sale al mundo y se encuentra contigo. Se mezcla con lo que te está pasando ese día, con cómo estás, con lo que necesitas ver, sentir o entender.
Y entonces ocurre algo que a mí me sigue pareciendo muy potente.
Que eso que nace aquí conmigo… se completa allí, contigo.
Que ese dibujo, esa palabra, ese gesto, no termina en mí. Se activa en ti. Se ve de una manera, se siente de otra, se lee desde un lugar distinto al mío.
Y ahí deja de ser “mi” dibumensaje.
Y se convierte en algo compartido.
Un libro que no controlo.
Un libro que no sé cómo se va a leer.
Un libro que se escribe entre tú y yo.
Un libro no se completa cuando se publica, se completa cuando alguien lo hace suyo. Y eso es lo que le da sentido.
Porque no va de explicar la Vida.
Va de acompañarla.
Va de abrir una mirada, abrir una conversación, abrir ese pequeño espacio donde algo se reconoce, se nombra o simplemente se siente un poco más claro. Y cuando eso pasa, algo se mueve.
Abril tiene algo especial con todo esto. Se habla de libros, de lectura, de historias, pero para mí es, sobre todo, una invitación a parar un poco, a escucharnos y a «contarnos lo importante».
Y por eso, este mes, en la newsletter, he querido abrir un espacio más cuidado para llevar esto un poco más allá. Una propuesta sencilla para que puedas “dibumensajear(te)”, para que puedas ir creando tu propio lugar, tu propio ritmo, tu propio libro.
Ojalá te animes a habitarlo. Y si lo haces… ojalá también, en algún momento, se cruce con el mío.
Eeeegunon mundo!!

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